8 de marzo de 1956

Alfonso Fresno

3/8/2024

Fotografía de Alfonso Fresno

8 DE MARZO DE 1956

(Homenaje a mi madre, Julia Fresno Fresno)

Una joven mujer acaricia su preñado vientre bajo las sábanas de franela,

aún tibio el socorrido calentador; aún fresco el futuro con el que sueña.

Analiza brevemente cómo viene la mañana.

La tenue luz del amanecer entra por el ventanillo con un halo de brillo,

reflejo de la escarcha que habrá chamuscado los cuajados almendros.

Mira hacia el santo Cristo de bronce; reza un padrenuestro de carrerilla,

con hincapié en el “pan nuestro de cada día”,

al tiempo que programa su jornada de trabajadora campesina.

¡Hale, arriba! ¿Quién le dijo pereza a una veinteañera?

Lo primero la lumbre en el hogar

con leña firme del Rebollar.

Cerca de la llama y del rescoldo de encina, dos pucheros con sus seseros,

uno grande para las alubias pintas, otro pequeño para las patatas del almuerzo;

en el lateral, una olla con agua suficiente para la higiene, para el aseo,

y colgado del allar, el caldero de los cochinos que cumplen un mes y medio.

Trigo y maíz para las gallinas, recoge de los nidales media docena de huevos.

Acaricia la cabeza al gato, espanta a los gurriatos que vienen al pienso,

llena los pesebres con paja y aplica unos ‘cimotes’ de berza para los conejos.

Manda al perro con el amo que ha ido con la yunta al llano del Cerro,

(hay que sembrar la cebada para aprovechar el tempero).

Su padre, en el taburete, no para de trenzar;

su madre, con el huso y la rueca de hilar.

Con delantal y toquilla, y un rodete a la cabeza desafía al incómodo viento;

un balde de ropa, la losa, el jabón y el azulete la llevan al lavadero.

Después de tender irá al corral a dar vuelta a los corderos

y de camino al cortijo donde la esperan los cerdos.

Es la hora de almorzar

antes de continuar.

Tres cucharadas de puré, de pie, sin buscar asiento,

trago de vino en porrón para que pase el atrasado torrezno.

Cambiar de trabajo para descansar

es la frase que se dice para consolar.

La viña del Pijual está recién podada, hay que recoger los sarmientos

y almacenar las gavillas en lugar oscuro y seco.

De regreso, se le escucha un cantar

al entrar por el portal.

Mediodía. Deben beber agua los machos; los lleva al abrevadero.

Sirve la contundente comida después de atizar el brasero.

Unos cazos de agua caliente para mezclar

antes de ponerse a fregar.

Para el liviano descanso escucha el transistor al tiempo que tapa un agujero

en el calcetín de lana del abuelo.

Hace un rato para cortar tres pañales, con la primavera llegará su primogénito.

La tarde ya es otra cosa. Quitar unas hierbas del huerto,

hacer unos surcos para las cebollas tempranas, para los puerros,

y salir a esperar al pastor por si hubiera acontecido algún parto postrero.

Sartén a las trébedes para cenar

en buena armonía familiar.

Con el anochecido, ejercita su ganchillo para adornar un babero.

Piensa para sí misma, mañana un día nuevo.

La campana toca a oración con la luna por señuelo;

se dirige con fervor al Cristo de los remedios,

por si obrara el milagro de traer mejores tiempos.

Y los trajo, porque con 88 años se emociona por momentos

recordando el duro trabajo y proclamando el amor a su pueblo.

AFF. 8 de marzo de 2024.

Homenaje a una mujer trabajadora y optimista:

mi madre, Julia Fresno Fresno,

de Quintanas Rubias de Arriba, en Soria.